martes, 24 de septiembre de 2019

Urbanidad y urbanistas (15).Tras las huellas de Uribe y García Álvarez (O Urigar)


Un aviso publicado en El Tiempo el 1° de marzo de 1926 anunciaba la firma “Uribe García Álvarez & co. Ingenieros. Edificaciones en cemento armado. Calle 14, número 83” (1)


Uribe y García Álvarez, también conocida como Urigar, fue la firma fundada los por los ingenieros César García Álvarez, y Luis Uribe Piedrahita, que tuvo una importante figuración en la Bogotá de la primera mitad del siglo pasado, con obras arquitectónicas que aún perduran en zonas antiguas de la ciudad.

A ellos se sumó Antonio Muñoz Toledo, de la Escuela de Ingeniería de la Universidad Nacional.

César García Álvarez nació en 1896 en Gigante (Huila) y murió en Neiva en 1973. Obtuvo el título de ingeniero civil en el City Engineering College, de Londres, en 1921. (2)

Además de congresista, fue ministro de Obras Públicas en el primer gobierno del presidente Alfonso López Pumarejo (1934-38), en el que tuvo un importante desempeño. Más tarde presidió la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI). (3)

Luis Uribe Piedrahita, ingeniero de la Escuela de Minas de Medellín,  nació en la capital antioqueña. (4)

Muchas son las obras de Uribe García Álvarez que subsisten en Bogotá y que dan fe de la importante tarea profesional de la firma.


El Edificio Piedrahíta 1928, ubicado en la carrera 9ª con 12 y que hoy sirve como almacén de telas, tiene la particularidad de mezclar una mansarda afrancesada con columnas de piedra que no son clásicas, sino de un estilo que podríamos definir como indigenista.  (5)

Así mismo, en la calle 13 (hoy calle 12B), entre las carreras 8ª y 9ª,  costado sur, uno de los vestigios de la época dorada de la zona bancaria capitalina, es uno de los sucesivos edificios (paulatinamente más grandes) de la Colombiana de Seguros, Colseguros, desaparecida. Fue construido en 1934 por Uribe y García Álvarez, en llave con la firma de los chilenos Casanovas y Mannheim. Hoy funciona como bodega de la empresa de correos.


La misma fórmula profesional es autora del edificio Santa Fe, construido en 1936 en la avenida Jiménez con carrera Sexta. Eran dos bloques de cuatro pisos cada uno, con motivos Art Deco, de los cuales sobrevive solo uno. El otro fue demolido y para dar paso a la Plazoleta del Rosario, en 1970.  


Urigar es responsable del diseño y construcción de los edificios José Joaquín Vargas, Virrey Solís. Samper Madrid, Fray Juan de los Barrios y Rufino José Cuervo. 1941-43

Se trata de cinco bloques construidos entre 1941 y 43 en los terrenos del antiguo Hospital San Juan de Dios, de Bogotá, donde solo se conserva del conjunto original la iglesia del mismo nombre.
 

Estos edificios cambiaron de dueño en el 2010 y se agruparon en el denominado Complejo Kaysser. En uno de ellos, que hora es sede de juzgados, estuvo en la década de 1940 la Embajada de Estados Unidos en Colombia.

También es obra de Urigar el Edificio de los Ministerios, construido entre 1940 y 1950, y diseñado por Herrera Carrizosa Hermanos).

“Los Ministerios”, cuya silueta tiene algo de neoyorquina, guardadas las proporciones,  hoy solo alberga al de Hacienda. Comprende un área que fuera convento de San Agustín, del cual solo se conserva la iglesia del mismo nombre.


Unos años antes, hacia 1923 la empresa había construido la casona del Hotel del Salto, frente a la cascada de Tequendama, por la que cae el río Bogotá en busca de tierras templadas. La casa tuvo tiempos de esplendor, pero casi toda su vida ha estado abandonada y convertida en una especie de casa del terror.

En la década de los años 70, la casona  fue remodelada por el fundador y entonces director de Colsubsidio, don Roberto Arias Pérez. Pero años después volvió a caer en el abandono. (6)

También fueron obras suyas las dos casas de Lagos, ubicadas en la carrera Séptima con calle 65, y que llevan una década abandonadas, seguramente a la espera de la licencia de demolición.

Situadas en la carrera Séptima N° 64–43/59– fueron construidas en 1927 para Jorge Lagos Mendoza, y declaradas como bienes de interés cultural, mediante decreto 606 del 26 de julio de 2001. (7)

Sus últimos propietarios fueron una familia de apellido Samper y un extranjero.



Urigar también construyó una obra de carácter religioso, la Iglesia del Divino Salvador, en el barrio homónimo. Es parte del colegio y claustro situado en la calle 57 con carrera 17, que se construyó hacia 1950.

Vale la pena ahondar en el estudio de esta razón social, cuya obra. Por fortuna, aún puede recorrerse y apreciarse en la capital colombiana.




Notas

(1) El Tiempo, 1° de marzo de 1926.

Consultada el 3 de julio de 2019.

(3) Sociedad Colombiana de Ingenieros. http://sci.org.co/sci/presidentes.page, consultada el 3 de julio de 2019.



(5) Escovar Wilson-White, Alberto. Guía Bogotá Centro Histórico Bogotá, 2005. Ediciones Gamma S.A. Editorial Dos Puntos S.R.L.


Consultado el 23 de agosto de 2016



















miércoles, 18 de septiembre de 2019

Urbanidad y urbanistas (14). Tras las huellas de Obregón y Valenzuela



Un imborrable recuerdo de colegio es nuestra primera referencia sobre Obregón y Valenzuela. Eran los años 70, tiempos brillantes de la arquitectura moderna colombiana, y  nuestras aulas fueron las de un bello edificio construido por la firma, de la que se dijo fue  uno de los primeros talleres de diseño del país.



Los primos Rafael Obregón González y José María Obregón Rocha, y Pablo de Valenzuela y Vega, crearon una de las fórmulas más fructíferas de la arquitectura moderna colombiana, y su impronta permanece en el panorama urbanístico de Bogotá, pese al paso de los años y a la desaparición de algunas obras.

Para dar una idea a las nuevas generaciones del tamaño del trabajo de O y V, bastaría señalar que fueron los creadores de gran parte de los edificios que forman el conjunto conocido como Centro Internacional, de Bogotá, comenzando por los edificios de Bavaria. Ello en un tiempo en el que la arquitectura colombiana llegó a ser considerada una de las más destacadas del continente.

Obregón González nació en Barcelona en 1919, Obregón Rocha en Bogotá en 1920 y Valenzuela al año siguiente, también en la capital del país. 

Los tres estudiaron arquitectura en la Catholic University of America, de Washington D.C., y a su regreso al país crearon la compañía que lleva sus apellidos y que marcó una importante huella en el diseño y construcción de obras modernas, particularmente en el aspecto residencial de elite.


Pertenecientes a una conocida familia de origen catalán, los Obregón tuvieron estrechos  nexos en Barranquilla, por lo que esta razón social también construyó obras en la Puerta de Oro de Colombia. 

Dentro de la firma de arquitectos, los Obregón se dedicaron a los proyectos y Valenzuela a la gerencia. Valenzuela murió prematuramente. La sociedad se fundó en 1952 y se disolvió en 1982

Rafael Obregón, hijo del fundador del mismo nombre, y también arquitecto, cuenta que “eI registro de la obra realizada por Obregón y Valenzuela queda más claro si se estudia la personalidad de cada uno de los socios fundadores. También es útil anotar que el diseñar a 4 o 6 manos no es igual que hacerlo de forma individual”.

Curiosamente algunos estudiosos han menospreciado esa diferencia, al comparar la obra de Fernando Martínez o de Guillermo Bermúdez con la de Obregón y Valenzuela. Mientras para los dos primeros el quehacer profesional se tradujo en "escuela", marcándose una identidad propia, Obregón Valenzuela evolucionó hasta convertirse en uno de los primeros "Talleres de Diseño" del país'. (1)


Rodrigo Botero Montoya recordó alguna vez su amistad con Rafael Obregón, con quien promovió la construcción del Palacio de Nariño y el proyecto de renovación del área gubernamental  y política del centro de Bogotá.

“Rafael Obregón era un personaje fuera de serie, un hombre del Renacimiento: artista, navegante, constructor de barcos, ecologista, además de arquitecto y urbanista”, señaló el exministro de Hacienda en un discurso, curiosamente, pronunciado para celebrar un aniversario de Fedesarrollo, el prestigioso centro de pensamiento económico por él fundado. (2)

“Nos habíamos hecho amigos navegando a vela en La Tarena y haciendo pesca submarina en las Islas del Rosario. Por las noches, mientras saboreaba un extraño cóctel de agua de coco con Ron Blanco, Rafael me explicaba sus ideas sobre ecología y urbanismo, que eran geniales, y sus teorías políticas, que eran una versión aristocrática del anarquismo. Cuestionaba la utilidad del gobierno en general, y la del gobierno colombiano en particular”, continuó Botero.

El economista señaló esa vez que disfrutaba “sus ideas para proteger los arrecifes coralinos, para convertir a Cartagena en una Venecia caribeña, y sus diatribas contra los rascacielos y los automóviles en el centro de la ciudad”.  

Las realizaciones de O y V son de una riqueza proverbial y están allí, en las ciudades. Especialmente en Bogotá.


La firma diseñó también Seguros Bolívar en la zona donde comienza la zona turística de Bocagrande, en Cartagena.

Merece especial atención su obra residencial. Las casas William Villa Uribe y Alvaro López Holguín (demolidas) fueron objeto de estudio en varias revistas internacionales.

Casas modernas también en Barranquilla y Cartagena, y de recreo en, Barú o islas del Rosario. Y clubes como el Campestre, de Ibagué; el Rialto (Pereira) y el Manizales.

Y por supuesto, el antiguo Colegio Marymount, en Usaquén, construido en la década de 1960. Enclavado en las montañas nororientales capitalinas como  una especie de vigía, se convirtió pronto en el Gimnasio de los Cerros. De eso hace ya casi medio siglo. (3)

Rafael Obregón diseñó su propia casa de la calle 87 en Bogotá, buen ejemplo de lo que fueron las residencias de El Chicó.

La lista es larga e incluye el Banco Francés e Italiano (Avenida Jiménez con Octava), el Banco del Comercio (calle 13), el edificio Banco Comercial Antioqueño (calle 12 entre Séptima y Octava), la torre Colseguros (Décima con 17), Banco Popular (Séptima con calle 17) y el ahora abandonado edificio de Telecom (carrera 13 con calle 22).

Desde el viejo pasaje Hernáandez, se ve el edificio Banco del Comercio
formado por dos torres sobre una plataforma. con un pasaje comercial

O y V también tuvo que ver con el diseño de la Torre Colpatria, construida por Pizano, Pradilla, Caro y Restrepo en 1978, antes de convertirse en la firma Obreval, en 1982, en la cual fue clave el gran dibujante Edgar Bueno.

Además de las residencias, diríamos que el acierto de esta razón social (y profesional) se puede resumir en esos edificios con una plataforma básica que soporta el cuerpo de la torre, con voladizos, balcones, vanos, calados y celosías de hormigón. Y recuerda una época de oro en las que la arquitectura moderna de Bogotá emulaba con la de Rio de Janeiro y Caracas. (4)

Su obra –en especial  la tipología de sus viviendas– ha sido estudiada a profundidad en trabajos de investigación como el de los profesores Isabel Llanos y Edison Henao, de la Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales, que se centra en la firma O&V, obtuvo el premio de la XXV Bienal de Arquitectura de 2016 en la categoría de Teoría, Historia y Crítica, otorgado por la Sociedad Colombiana de Arquitectos.

Estos arquitectos señalan que “entre 1946 y 1969 fueron construidas 127 residencias, consideradas pioneras de la arquitectura moderna local.   

Eso sí, lamentan que la firma “se constituye en una de las pioneras de la modernidad, que quizás, pese a sus obras, no tuvieron gran divulgación”. 

En la versión XXIV de la Bienal, ambos docentes habían obtenido el Premio Nacional en la categoría Divulgación y Publicaciones, con la exposición "Obregón & Valenzuela en Bogotá: 1949-1969 -Doce Arquitecturas Urbanas", acogida por la Universidad Nacional de Colombia. (5)

La obra de O y V merece preservarse y darse a conocer a las nuevas generaciones cultas. 


Notas

1.  Obregón, Rafael. El quehacer de Rafael Obregón G. Una visión personal. DEARQ - Revista de Arquitectura, núm. 2, 2008, pp. 45-53. Universidad de Los Andes. Bogotá, Colombia.

2. Invocación a la modestia. Rodrigo Botero Montoya. Revista Coyuntura Económica

3. Revista Proa, Edición no. 155 – Julio de 1962

















lunes, 31 de diciembre de 2018

Un barrio inglés, su merced

Una de las primeras casas edificadas fue la de don Benjamín
 Moreno y mira hacia el Parque Nacional
 
Quienes crecimos en Bogotá siempre creímos que esas casas de ladrillo, ventanas enmarcadas en piedra y puertas de madera con cierta forma ojival, llamadas casas inglesas, eran traídas de Inglaterra o en todo caso idénticas a las viviendas británicas.
 
Para comenzar, en Gran Bretaña no hay casas iguales a esas, si bien las nuestras tienen un aire british.  Y lo que es más grave, quienes impusieron esa moda en Bogotá y otras ciudades, como Santiago de Chile, en realidad fueron arquitectos chilenos, a los que luego se sumaron varios colombianos.

 
 
Se trata en realidad del estilo Tudor (o Neotudor), que ya analizamos más detenidamente en estas páginas. Variaciones sobre un mismo tema.

La Merced resume como ningún sitio de la ciudad ese estilo pretendidamente inglés que estuvo de moda entre las clases pudientes latinoamericanas en la primera mitad del siglo pasado.

Este barrio, que sobrevive decorosamente a un lado del Parque Nacional y en las faldas de los cerros orientales, pese a la pérdida de valor residencial de sus casonas, se construyó sobre una antigua hacienda de los jesuitas, llamada La Merced, donde se construyó el Colegio de San Bartolomé en la década de 1940 (Trujillo Gómez y Martínez Cárdenas) y donde los miembros de la comunidad de San Ignacio de Loyola aseguran que estuvo la primera cancha de fútbol de la ciudad.


 
 

El proyecto fue promovido por José María Piedrahita, quien adquirió el terreno a la Compañía de Jesús. (1)

Un poco de historia

Desde 1908, la Compañía de Jesús tenía una finca de descanso más allá de San Diego, en cercanías del futuro Parque Nacional, denominada La Merced, bautizada así por haberse establecido el día  de Nuestra Señora de Las Mercedes.

En la década de 1930, en época de gobiernos liberales, entre ellos el de Alfonso López Pumarejo, crecían los rumores de una posible expropiación, por lo cual se vendió una parte de la finca, que los urbanizadores dividieron en 6 manzanas, como fuente de recursos para construir una nueva sede.

Los temores se hicieron realidad en 1937 y, mediante la Ley 110 de ese año, se ordenó la expropiación de las instalaciones del Colegio de San Bartolomé (denominado San Bartolomé nacional) y se concedió un plazo de dos años para que el plantel jesuita cambiaria de sitio.

El barrio se edificó entre 1937 y 1945. Mientras tanto, en 1941 se inauguró el Colegio de San Bartolomé La Merced, construido en la parte más alta de la propiedad, que colinda con el Parque Nacional.

La primera casa edificada fue la de Benjamín Moreno, diseñada por chileno Arnoldo Michaelsen, de la firma Casanovas y Mannheim, y una de las más grandes de la zona. (2)

Personajes destacados de la ciudad establecieron sus residencias en este barrio. Benjamín Moreno, empresario tabacalero; Luis Soto del Corral, hombre del mundo bursátil e inmobiliario capitalino; Manuel Casabianca, dirigente cafetero; el  jurista y educador Ricardo Hinestrosa Daza; Hernando Gómez Tanco, ingeniero hijo de Nicolás Gómez Dávila y quien llegó a ser propuesto como candidato presidencial; los médicos José Vicente Huertas y Luis Bermúdez Ortega; el empresario Ernesto Puyana, Andrés Pombo y José María Piedrahíta estuvieron entre los primeros residentes.

Precisamente en la casa de Puyana se encontraba el 9 de abril de 1948 el general George Marshall, entonces secretario de Estado de Estados Unidos, cuando se registraron los hechos desencadenados por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en medio de la IX Conferencia Panamericana.

Los ingleses

"La fascinación por Inglaterra provenía, tal vez, de las relaciones comerciales y de intercambio con ese país en la segunda parte del siglo XIX que se incrementaron a comienzos del XX con el desarrollo de la industria, especialmente del café, e incluyeron a los Estados Unidos, cuya atracción también se dejó sentir", señala Juanita Barbosa en un estudio sobre las casas inglesas en Bogotá.

 
Añade que "las nuevas élites querían parecerse a los ingleses y asumir sus modas para diferenciarse de los demás, a tal punto que algunos de ellos, como Benjamín Moreno, que se había trasladado a Bogotá para dirigir la sede de la Compañía Colombiana de Tabaco en la capital, encargó a Londres el proyecto de su nueva casa de 1.500 m2 de área en el barrio La Merced aunque finalmente, según parece, el desarrollo a nivel ejecutivo estuvo a cargo de la firma de arquitectos chilenos Casanovas y Mannheim que trabajaba en Colombia desde 1928. (4)
 
La Merced "posiblemente es el barrio más homogéneo en cuanto se refiere al tipo de arquitectura, y seguramente, uno de los más conservados del patrimonio cultural bogotano a nivel de sector histórico", sostiene Barbosa.

Dicken Castro señaló alguna vez que "en 1940, como reacción a este extremado individualismo, en el cual cada vivienda forma parte de una especie de mascarada arquitectónica, se determina que el barrio La Merced, en Bogotá, sea construido en estilo inglés, obteniéndose como resultado un grupo urbano de por sí exótico, pero de gran homogeneidad y calidad. Las amplias viviendas se convierten en poco tiempo en sedes de clubes, clínicas e instituciones comerciales".

Aunque el barrio lo promovió  Ospinas y Cia., también realizaron construcciones Manrique Martín, Child Dávila y Luzardo, Herrera Carrizosa Hermanos, Trujillo Gómez y Martínez Cárdenas, José María Montoya Valenzuela y Cuéllar, Serrano y Gómez.

Entre finales de los 30 y de los 40, el sector que lleva el nombre de la Virgen catalana se llenó de amplias casas con baywindows (ventanas que sobresalen de las fachadas) y ricos trabajos de ladrillo en el exterior, y adentro piedra caliza trabajada en las chimeneas, enormes escaleras, estanterías y enchapes de madera, y baños con elementos de porcelana importados.

 
 
En La Merced conviven armónicamente las casas inglesas con varias intrusas y modernas. Es el caso de la que perteneció a Jaime Michelsen Uribe (obra de Gabriel Serrano), el pequeño edificio de apartamentos de Enrique Triana, otro de José María Montoya Valenzuela y la casa diseñada por Ignacio Martínez Cárdenas, ahora llamada '"casa del cine", que tanto recuerda a Frank Lloyd Wright. 

El presunto ambiente londinense dio para que se grabaran en sus calles escenas ubicadas en la capital del imperio británico, como “María”, en los años 70.

 

 
 
 
 


Estas tres construcciones de Gabriel Serrano, Triana y Martínez Cárdenas
conviven con las casas Tudor, pese a ser de otros estilos
 
 
Fue en esa década que salieron las últimas familias de La Merced y las casas se convirtieron en sedes empresariales y universitarias.

En las casas de La Merced vivieron también personajes como el político liberal Germán Zea Hernández (allí vivió su hija Gloria), Luis Lara Borrero, las familias Huertas, Reyes Llaña, Puyana, Umaña y Cabal, empresarios extranjeros como Michonik, y, siendo aún joven, el banquero Jaime Michelsen Uribe. (6, 7 y 8)
 
Años más tarde se establecieron en la zona firmas como Thomas de la Rue, las casas fiscales de Antioquia, Santander, el Huila, el Valle del Cauca y otras regiones; Propaganda Sancho, la Cámara de Comercio Colombo-Americana, Fe y Alegría, la agencia de noticias Colprensa y varias residencias universitarias, entre ellas la Carlos V.
 
En los últimos años, La Merced se convirtió en zona de estudiantes, con la presencia del CESA (Colegio de Estudios Superiores de Administración), el Colegio Mayor de Cundinamarca y más recientemente la entidad Universitaria de Colombia.



                     Aquí nació y aún funciona el CESA, institución que preserva 
la zona con varias casas como sede

 
Precisamente el Cesa publicó este año un enorme volumen dedicado al barrio. Esta institución, que nació como Incolda, se ha ido haciendo poco a poco a un buen número de las casas de La Merced, que preserva con esmero.

Esta y otras iniciativas ayudan a preservar este interesante rincón urbano, que tanto aporta a la riqueza urbana de Bogotá y que nunca deja de impresionar a propios y extraños.

 
Notas

(1)  Molina Londoño, Luis Fernando y otros. Urbanismo, arquitectura, patrimonio. Ospinas 75 años. Bogotá, 2008.

(2) Ibidem

Consultado el 9/8/2024.

(4) Barbosa, Juanita. Casas Inglesas en Bogotá. Credencial Historia
http://www.revistacredencial.com/credencial/historia/temas/casas-inglesas-en-bogota
Consultado el 28/12/2018.
 
(5) Castro, Dicken. Arquitectura hasta los años 30. En Historia del Arte Colombiano. Salvat, 1983. Tomo 10, página 1337.

(6) Sobre la obra de Ignacio Martínez Cárdenas, cfr.  http://www.urbanizar.net/imc.html
Consultado el 13/5/2014.

(7) Semblanza de Gabriel Serrano Camargo, Arquitecto. Cuadernos Proa 2. Ediciones Proa Ltda. 1983  
(8) Semblanza de Alberto Manrique Martín, Ingeniero y Arquitecto. Cuadernos Proa 6. Ediciones Proa Ltda. 1985
 










 
 
 
 
 
 

jueves, 20 de diciembre de 2018

El Bosque

Los Cobos Medical Center
 

A propósito del Centro Médico Los Cobos, inaugurado en este año que termina en predios de la Universidad El Bosque, esta institución situada en el nororiente de Bogotá tiene detrás una interesante historia.
 
Pero antes hay que indicar que la nueva clínica de 15 pisos, construida por El Bosque y Compensar en la avenida 9ª con 132, tiene un área de 50.000 metros cuadrados, más de 300 camas, será atendido por cerca de 1.100 profesionales y empleados, y demandó inversiones superiores a los 300 mil millones de pesos.

La clínica cuando comenzaron las obras en 2015
 
La actual Universidad El Bosque fue fundada en 1976 por un grupo de 25 médicos como Escuela Colombiana de Medicina y su sede fue una clínica siquiátrica ubicada en Usaquén, El Campito San José, que perteneció a la comunidad de religiosas de La Presentación, donde funcionó desde entonces la clínica universitaria.

El terreno de la clínica limitaba con la planta Contador de Cemento Samper, a la cual llegaban por un cable, desde La Calera, unos baldes con materia prima. Esta fábrica desapareció a mediados de los años 90, cuando se amplió la calle 134 y se construyeron las torres de apartamentos La Alameda.

Las obras del centro médico en el 2017 y a punto de terminar en mayo de 2018
 
Con el tiempo, la naciente escuela de medicina se amplió a los terrenos vecinos, incluyendo el Instituto Daza Dangond, un colegio de bachillerato que alguien llamó “una isla de la provincia del Cesar en la capital de la República”, casa que aún existe.

La casa de la institución académica, administrada por Alfonso Daza Dangond y su esposa Matilde, se anexó en 1980 y en 1985 se hizo lo propio con el Colegio Santa Mónica.

Una casa de techo de paja conocida como El Rancho, construida por el arquitecto suizo Viktor Schmid, pasó a ser parte de la universidad y al principio sirvió de  sede administrativa.

El Rancho
 
En 1997 la Escuela Colombiana de Medicina pasó a llamarse Universidad El Bosque.

Hoy El Bosque tiene más de 12.000 estudiantes y sus instalaciones se han ampliado progresivamente en fases, la última de ellas en el 2011, con el edificio principal situado al lado del nuevo centro médico.

Casas demolidas para ampliar la universidad en el futuro
 
El centro médico puede generar un desarrollo interesante en el sector y complementar los servicios para la población residente.

Y es deseable que no impacte las zonas residenciales vecinas ni afecte la tranquilidad de los sectores de Ginebra y Bella Suiza, en los que desde hace algunos años la universidad ha venido adquiriendo manzanas enteras de casas que se demolieron o desaparecerán para los próximos ensanches de la entidad.

En cuanto a la antigua clínica, al parecer el terreno será destinado a zonas verdes, lo cual sería una ganancia, porque dada su extensión y rentabilidad, el lote no deja ser atractivo para nuevas construcciones, incluyendo las que complementen la sede universitaria.

La clínica lista para su inauguración, en octubre de 2018