sábado, 18 de febrero de 2023

Urbanidad y urbanistas (20). Tras las huellas de Pedro Gómez





            Pedro Gómez en un acto oficial en 2008 (1)      

El primer recuerdo de Pedro Gómez Barrero que guardamos se remonta a 1970, cuando desembarcamos en la fría Sabana de Bogotá, que si acaso pasaba de la calle 100 al norte. Nuestro primer encuentro con la ciudad, mojada esa tarde por la lluvia, fue una bella casita del barrio La Floresta, recién construido por Pedro Gómez y Compañía en la calle 102 con carrera 48.

Desde entonces seguimos con admiración la vida de este hombre de la construcción que se forjó a sí mismo, y que dejó una huella en el crecimiento de Bogotá, como impulsor de numerosas obras de urbanismo,  particularmente Unicentro (1976), que tuvo y sigue teniendo para nosotros una importancia particular.

Todo empezó por los automóviles. Gómez ha sido también amante y conocedor de modelos exclusivos, en especial Mercedes Benz, de los cuales llegó a tener un ejemplar negro de ese modelo histórico –los conocedores entenderán– que fue el 300SEL de finales de los años 60, aparte del 280S –similar y de la misma época– de color plata.

Este Mercedes pasaba de vez en cuando por las obras de la segunda etapa de La Floresta, con Pedro Gómez a bordo, detrás de un cristal oscuro.

Circulaba un chisme bogotano de esos que se sabe que fueron puestos a rodar maliciosamente, sin asidero en la realidad, y es que algún constructor había despedido a Gómez, diciéndole algo así como: “Pedro, mejor dedícate a otra cosa, pues no tienes futuro en esto...”

    
        Aviso publicitario de la firma en los 70

La maledicencia capitalina también afirmaba que el Club Los Arrayanes, del que Pedro Gómez fue directivo, era una supuesta competencia con otro club de alcurnia de la ciudad que le negó el ingreso.

Sin embargo, son muchos los grandes emprendimientos que hablan por sí solos de la importancia de su obra y de la firma fundada por don Pedro en 1968.

Gómez Barrero nació en Bogotá, pero su familia era de Cucunubá, un bello pueblo de Cundinamarca en el Valle de Ubaté. Desciende de familias originarias de España y asentadas en Bogotá, tal como lo señala el libro Genealogías de Santa Fe de Bogotá, de José María Restrepo Sáenz (Tomo I).

Abogado del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, estudió becado mientras trabajaba de noche como celador del Ministerio de Agricultura, entonces a cargo del político vallenato Pedro Castro. El claustro rosarista, regentado en ese tiempo por monseñor José Vicente Castro Silva, lo ayudó con algún trabajo mientras terminaba los estudios.


                   Las bellas casitas de La Floresta hacia 1971 (2)

Más tarde trabajó en una de las alcaldías de Fernando Mazuera y desde allí pasó a ser jefe del departamento de Valorización, cargo en el que se convirtió en experto en el sector, antes de lanzarse a su propia aventura empresarial.

Poco a poco empezaron a aparecer las obras de la firma de Pedro Gómez. La Floresta fue su primera gran apuesta, con manzanas enteras de excelentes casas para clase media en distintos estilos.

También los apartamentos Escocia, en la calle 100; el barrio Calatrava, en la Avenida Suba. Y a un lado de la Autopista Norte, a la altura de la calle 132, las casas de Santacoloma, donde predominaban las tejas, balcones, altillos y ménsulas.


Noticia publicada en El Espectador un año antes de entregar Unicentro

Más allá, las casas de Antigua, un pueblito perfectamente calcado de Norteamérica o Gran Bretaña; y los apartamentos de Multicentro, generosos en espacio y contiguos a Unicentro, y sus buenas vecinas, las casitas escandinavas.

Y también Metrópolis, Entrerríos, El Recreo de los Frailes  y Atabanza. Y Calatrava, El Balcón de Lindaraja y Emaús, estos últimos de estrato económico más alto.


         En sus primeros años, "el único lugar que lo tiene todo" (3)

Unicentro fue el punto culminante y la obra más ambiciosa, al punto de que estuvo por comprometer la estabilidad financiera de la empresa. Pero ese primer mall en la historia del país pasó la prueba con creces y aún hoy sigue estando vigente.

“Nuestra experiencia construye su felicidad”, decía un anuncio radial de Pedro Gómez y Compañía, que se difundía de noche para una audiencia selecta, e invitaba a visitar el moderno show room de la empresa en uno de los mejores locales de Unicentro, “el único lugar que lo tiene todo”.

En la última planta de ese mall, con ascensor propio, despachaba don Pedro, en una oficina que tenía colgadas obras de los pintores más importantes del país, como Alejandro Obregón.

Y volviendo a los autos, en el parqueadero del centro comercial, discretamente, esperaban sus automóviles.

Pedro Gómez fue uno de los empresarios que a finales de la década de 1970 y en vista de las condiciones de seguridad del país, se movilizaba en un Fiat 132, blindado, de color azul oscuro, como lo hacían el banquero Jaime Michelsen Uribe y don Hernán Echavarría Olózaga.


           Esta fue su residencia en el Chicó Alto

Alguna vez lo abordé en un acto en la Casa de Nariño y se sonrió cuando le hablé de sus Mercedes. Apuntó mis datos en su agenda de bolsillo y, semanas después, recibí un sobre con un ejemplar del libro “Bogotá, de la devastación a la esperanza”, publicado por su empresa.

Sin ánimo de entrar al tema político, debemos recordar que Pedro Gómez fue, después de prominente hombre de empresa, embajador en Venezuela, miembro de la comisión de integración con ese país e integrante de la delegación que buscó acercamientos con las Farc en los 80, fue propuesto sin éxito como primer candidato liberal a la alcaldía de Bogotá por voto popular.

En su época dorada, el grupo de Pedro Gómez incluyó una cadena hotelera, Hoteles Pedro Gómez y luego Charleston, que era propietaria de Casa Medina, en Bogotá, y el Santa Teresa, en Cartagena.

Hoy las grandes ciudades colombianas tienen sus Unicentros construidos por Pedro Gómez y Compañía. Y también barrios urbanos y campestres, y hoteles, exhiben el know how de esa empresa.


La firma de la empresa en la fachada del Centro Comercial Santafé

El Centro Andino, el Santa Fe y el Palatino exhiben orgullosos el logro de la P envuelta en la G, que acompaña a Pedro Gómez desde hace más de medio siglo.

En sus últimos años, la compañía funcionó en la casa de estilo neoclásico diseñada por Vicente Nasi, situada en la carrera Séptima con calle 70. La firma enfrentó tiempos difíciles y se disolvió, pero el paisaje de Bogotá tiene innumerables vestigios de su obra. (*)



Placa instalada en la entrada principal de Unicentro, en Bogotá



                             En esta casa de Vicente Nasi funcionó por última vez Pedro Gómez y Cia.

Fotos del autor, salvo:
(1)    Presidencia de la República, mayo 14 de 2008
(2)    Anuario de la Arquitectura en Colombia 1971. Sociedad Colombiana de Arquitectos.
(3)    Pedro Gómez y Cia.


 
(*) Pedro Gómez murió el 17 de febrero de 2023.








viernes, 28 de enero de 2022

El estilo “californiano”



El estilo californiano –o lo que en Colombia se conoce como tal– fue muy utilizado en Bogotá para construir viviendas en la década de los años 70 por sectores acomodados.

Diversos estudios señalan que el estilo californiano tiene características como volúmenes altos y arcos y formas circulares y cubiertas de tejas españolas.

Y se dice que surgió de Hollywood; de ahí el término californiano. También lo equiparan con el estilo neocolonial.

De donde tendríamos por californianas muchas casas de barrios residenciales de Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena e incluso Bogotá en la década de los años 40. O de Caracas, Maracaibo, Panamá, Lima y, desde luego, La Habana.

Y también que las viviendas de Florida, tan imitadas en ciudades de América Latina y el Caribe a partir de los 70, son californianas modernas. De cartón.

Pero en bogotano, estilo californiano (o californiano moderno) significa ladrillo a la vista, ventanas con marcos blancos (a menudo bay windows), chimeneas y un elemento fundamental, las tejas de shingle –negras casi siempre, pero eventualmente verdes–, llamadas en otros lugares pizarra.

Exactamente las casas que se armaban en el juego de Estralandia, inolvidablemente hecho en Medellín por la empresa de productos plásticos Estra y que ha renacido para el placer de los que jugamos con sus fichas y, mucho más, lanzó nuevos productos que constituyen un Lego colombiano.

Aunque al parecer hay otros países en los que se entiende el término californiano para designar estilos similares de viviendas.


Es importante indicar que Estados Unidos abundan las viviendas de las mismas características, como se puede ver en estas casas situadas en áreas populares y de estratos altos en sectores de Des Moines (Iowa), en la región del Midwest.

El caso es que en Bogotá aparecieron en El Chicó y Santa Bárbara (central y alta), y en menor grado en Rosales y Santa Ana, La Carolina y La Calleja. Hay algunos ejemplares tardíos en Rosales y Santa Ana. También en algunos casos se hicieron de dos en dos en Santa Bárbara.




A finales de los 70 el modelo se masificó y llegó a la clase media, de la mano de constructoras como Pedro Gómez y Compañía, en el barrio capitalino Recreo de los Frailes.

Con el estilo en cuestión se institucionalizó también una serie de objetos: Las rejas, las contraventanas, los picaportes de hierro forjado, los topes para asegurar las persianas contra el viento, pasadores, pestillos y herrajes de bronce para puertas y ventanas.

No sería fácil hacer un inventario del número de este tipo de viviendas que hubo en Bogotá, Las que quedan constituyen un testimonio valiosísimo para conocer y mantener este estilo como patrimonio.

El tema está abierto.




 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


viernes, 11 de diciembre de 2020

Bella Suiza




Adelante de Usaquén, en lo que fuera la Carretera Central del Norte, hoy carrera Séptima, a la altura de la calle 128, existió hace años un restaurante llamado La Bella Suiza.


Era la década de 1930 y era, como su nombre lo indica, un sitio de gastronomía de ese país europeo,  en una zona campestre hasta entonces. Después, en los 50, surgiría el barrio que tomó el nombre del restaurante.


El restaurante fue fundado por Fritz Brodbeck, un suizo que llegó a Colombia junto a su hermano Jacob y su amigo Antonio Riedberger. Este último fundó en 1944 el Restaurante Suizo en Choachí, oriente de Cundinamarca, donde hoy existe también un restaurante Bella Suiza.



El diseñador Urs Schmid cuenta que el restaurante fundado por Brodbeck era sitio de paseo de fin de semana para los ciudadanos de Suiza que vivían en la ciudad.  Allí llegaba su familia, encabezada por el arquitecto Viktor Schmid, el que introdujo en Bogotá las construcciones de estilo suizo.


Urs recuerda que La Bella Suiza entonces eran potreros, rodeados por las haciendas Santa Bárbara, El Contador, El Cedro y otras. Tanto así que en las paredes de la entrada había unas argollas para amarar los caballos de los clientes que llegaban montando por los caminos.


En la zona estaban también la planta de Cemento Samper, uno que otro restaurante de carretera, una fábrica de ruanas, un clínica de reposo, algunos colegios y la hacienda Medina.


La Bella Suiza fue parte de las cosas suizas que hubo en Bogotá y la Sabana, como Alpina, el Colegio Helvetia, la panadería Palace y restaurantes como El Chalet Suizo y El Refugio Alpino.


El barrio se distinguió por el estilo propio de sus viviendas, de las cuales quedan muy pocas, y llegó a tener acueducto propio.



El restaurante también contribuyó a que los comensales bogotanos aprendieran términos como "fondue" y se aficionaran a las salchichas enormes.


Con los años, la ciudad absorbió a Usaquén y otros pueblos próximos a la capital colombiana. Y alrededor de La Bella Suiza se fue conformando un barrio de amplias casas, y más tarde, cuadras al norte, una zona de viviendas en serie llamada Ginebra.


El barrio reservó grandes extensiones para parques y las vías rurales pasaron a ser  calles de una gran malla que aún se conserva. Está delimitado por las carreras 7a y 9a, y las calles 127 y 134, incluyendo a Ginebra y a los predios de antiguas quintas que hoy ocupa una universidad.




Las viejas casas de sector cumplieron su ciclo y a partir de 1980, más o menos, empezaron a ser reemplazadas por edificios residenciales. Entretanto, el restaurante cerraba sus puertas y la sede se convirtió en concesionario y taller de automóviles.





Con la particularidad de que muchos de los edificios comenzaron a identificarse con nombres alusivos a Suiza. O a La Bella Suiza.


En el barrio pueden encontrarse edificios llamados La Bella Suiza o simplemente Bella Suiza, en la 8a. con 127C.


Unos metros adelante hay edificio Bella Suiza 2000, Bella Suiza Real y El Portal Suizo (dos distintos repiten este nombre en sitios del barrio opuestos), Senderos de Bella Suiza, Bosques de Bella Suiza, Balcones de Bella Suiza (también hay dos distintos) y otras variaciones sobre el mismo tema.


Y otros nombres que se desprenden de la nación de los cantones, como Zurich, Ginebra, Basilea, Neuchatel, Lausana, Saint Moritz, Lugano y Davos; sucedáneos como Alpes de Ginebra y también obvios, como Helvética, acompañados por la banderita roja con la cruz blanca en el centro.



Lo curioso es que no hay en el barrio ninguna construcción de auténtico estilo suizo, ni siquiera de lo que en Bogotá se conoció como tal, salvo algunas aproximaciones.


Y sobreviven enormes árboles, especialmente eucaliptos y sauces, que envuelven los edificios y le dan al barrio un aire inconfundible, pese a que con frecuencia son talados.



Y, camuflada tras la fachada del concesionario de automóviles, sigue la antigua sede del restaurante que dio nombre a este apacible rincón bogotano.


(*) Agradecimiento al maestro Enrique Moreno-Guerra, vecino del sector y autor de las fotografías publicadas en tercero y sexto lugar.





miércoles, 30 de octubre de 2019

Urbanidad y urbanistas (19). Tras las huellas de Herrera y Nieto Cano


Alberto Herrera (1922) y Jaime Nieto Cano (1919) comenzaron estudios de Arquitectura en la Universidad Nacional y los concluyeron en la Catholic University of America, de Washington D.C., donde se graduaron en 1942. En esa misma escuela estudiarían Pablo Obregón y José María Valenzuela, dupla profesional a la que dedicamos otro capítulo. (1)

Jaime Nieto, hijo del educador Agustín Nieto Caballero, obtuvo luego un master en Yale. Falleció prematuramente en 1964.



Los profesionales fundaron la sociedad que lleva sus apellidos en 1946. (2)

“Los dos arquitectos inician estudios en la recién formada (1936) Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, de donde se trasladan a la ciudad de Washington D.C. para terminar el ciclo profesional en 1942 en la Catholic University, de formación clasicista”.

Jaime Nieto Cano entró a la Yale School of Architecture, donde obtuvo el título de master (M. F. A.) en 1943 y conoció la obra de maestros de la arquitectura moderna, entre ellos Marcel Breuer, en New Haven. Fue vicepresidente de la Sociedad Colombiana de Arquitectos para el periodo de 1950.

Proa señala que en 1949 proyectaron un edificio de renta en Bogotá “que causa gran impacto en la arquitectura local debido a la disposición radical de la planta libre pero sobre todo debido a la mezcla atrevida de materiales locales (ladrillo y piedra arenisca) con materiales importados (vidrio y perfilería lacada)”. (3)

Luego se asoció a ellos Jorge Gaitán Cortés, quien fuera uno de los alcaldes más destacados en la historia bogotana moderna y que también obtuvo la maestría en Yale, pero se retiró de la sociedad (Herrera Gaitán y Nieto Cano)  en 1948. (4)



Entre las obras de Herrera y Nieto cano sobresalen las casas Gómez Arrubla (1950-1954) en  Manizales, proyecto que fue elogiado dentro y fuera del país. (5)

También la casa Alberto Osorio, desaparecida, que se encontraba en la actual “zona rosa” de la calle 82, de Bogotá. (6)

El terreno “permitió la distribución de jardines espaciosos” en esta obra, en la cual  se destaca “la vistosa utilización de los materiales”.



Herrera y Nieto Cano hicieron además la Casa Gustavo Ochoa, en la calle 85, en el barrio bogotano de El Retiro (7), también demolida, y la propia residencia de Nieto Cano, proyectada por la firma Herrera y Nieto Cano Ltda., en colaboración con Clara Villegas de Nieto Cano, esposa del arquitecto Nieto Cano. (8)

“Es particularmente interesante por las diversas apuestas en el diseño encaminadas a lograr las mejores condiciones de vida para la familia”, sostiene Pedro Juan Bright Samper.

Las casas de Herrera y Nieto Cano (y también las de Ricaurte, Carrizosa y Prieto), en el periodo 1945-1959, fueron el tema de la tesis de doctorado en Historia y Teoría de la Arquitectura, elaborada por Margarita María Roa Rojas, en la Universidad Politécnica de Cataluña, en Barcelona, que obtuvo mención Cum Laude.

La tesis se tituló así, “La transformación del espacio doméstico y de los modos de vida en Bogotá 1945-1959. Las casas de las firmas Herrera & Nieto Cano y Ricaurte, Carrizosa & Prieto”.



Ese fue también el título de la conferencia dictada por la misma arquitecta en Arquiandinos, el 18 de octubre pasado, en la cual disertó sobre esa etapa fundamental y representativa en la construcción de la modernidad en Colombia.

"La mitad del siglo XX estuvo marcada por una transformación generalizada de las ciudades colombianas. Uno de los ámbitos en los cuales se identificó gran parte del origen de estas transformaciones, fue el del espacio doméstico. Las firmas de arquitectos y las entidades estatales financiadoras de vivienda comenzaron un proceso experimental de búsqueda sobre lo que debía ser y representar una casa moderna, reflejado en las propuestas que se plantearon tanto para la producción en serie como para los encargos privados”, de acuerdo con Roa Rojas.

La arquitecta señaló que “la firma Herrera & Nieto Cano (1944-1959), caracterizó a cabalidad el momento inicial de la arquitectura moderna bogotana, marcado por el eclecticismo y la transición”.

Dentro de ese contexto –añadió– que hacia 1945 aparecieron las primeras obras de firmas como Herrera & Nieto Cano con la novedosa propuesta de las “casas modernas” en los barrios de la ciudad, y para 1959 ya se había consolidado una nueva manera de habitar, a partir de unidades vecinales de casas en serie y de barrios residenciales de casas individuales

Notas

(1) Fontana, María Pía y Mayorga, Miguel. Colombia, Arquitectura Moderna. Ediciones Etsab, 2006. En https://es.calameo.com/read/000101630b2f75e4c6cec. Consultada el 127 de octubre de 2019.

(1) Ciudad y Arquitectura Moderna en Colombia, 1950-1970. Ministerio de Cultura. Bogotá, 2008.

(2) Revista Proa no. 31, Enero de 1950.

(3) http://cavicaplace.blogspot.com/2012/02/casa-gomez-arrubla.html


(4)

(5) Revista Proa. No. 35. Mayo 1950

(6) Revista Proa. No. 65. 1952
(7) Bright Samper, Pedro. La casa moderna. Revista Credencial Historia no. 338. En http://www.banrepcultural.org/biblioteca-virtual/credencial-historia/numero-338/la-casa-moderna. Consultada el 17 de octubre de 2019.

(8) Foto publicada en Martínez, Carlos y Arango, Jorge. Arquitectura en Colombia: Arquitectura Contemporánea 1946-1951. Bogotá: Proa Ediciones, 1951.

(9) https://connect.eventtia.com/en/dmz/los-uniandinos-con-los-arquitectos-y-sus-proyectos/website



















lunes, 21 de octubre de 2019

Urbanidad y urbanistas (18). Tras las huellas de Noguera Santander… y Rocha Santander



La mansión de don Eduardo Gerlein en Quinta Camacho,
que sirve de sede a la fundación Fescol

Dos razones sociales que se destacaron en Bogotá a mediados del siglo pasado coinciden en el apellido del Hombre de las Leyes y en la calidad  de sus ejecuciones, muchas de las cuales se conservan en la capital del país.

En el primer caso, la empresa Noguera Santander unió los esfuerzos de Alfonso Noguera Corredor, Jorge Santander y Álvaro Larreamendy.

El bogotano Jorge Arturo Santander, ingeniero y arquitecto nacido el 12 de diciembre de 1916,  era el último bisnieto del general Francisco de Paula Santander y falleció en Bogotá el 4 de julio de 2015, a la edad de 98 años, según la prensa del momento. (1)

Para el observador de la ciudad resultan interesantes unas casonas de corte americano que se encuentran caminando por sectores conservados de Bogotá, que testifican sobre una época dorada de la construcción de residencias en el país.

Aviso de la empresa publicado en la revista Proa,
con la casa  Gerlein, en la calle 70 con carrera 12

Tal es el caso  de las casas Planas, en la calle 85 con Octava (La Cabrera), y la actual sede de la Fundación Friedrich Ebert en Colombia (Fescol), en Quinta Camacho, calle 70 con carrera 12. Ambas se caracterizan por el uso del ladrillo a la vista, sus entradas con columnas de piedra, capiteles y frontones, al mejor estilo norteamericano.

La primera de ellas perteneció a don Miguel Planas, empresario de origen ecuatoriano.

La casa de don Miguel Planas, hoy Club Médico

Otros trabajos de Noguera Santander son el Edificio Academia Nacional de Medicina, en la carrera 9a con 20, cerca de la Plazuela de las Nieves, que fue sede del Ministerio de Trabajo en la década de los años 70 del siglo pasado.

También la casa de Antonio Sefair (1961), ubicada en el Parkway de La Soledad, o avenida 22, con calle 41, que sirvió como residencia de monjas y hoy alberga al teatro Casa Ensamble.


… y Rocha Santander

Mientras tanto, esta última firma unió a Pablo Rocha y Julio Santander, y despertó nuestro interés por el trabajo maestro y casi anónimo en el campo de la construcción de edificios de salud, como que entre sus obras figuran las clínicas Palermo y Marly, y el Hospital Militar Central, de Bogotá. 

Julio Santander nació en Bogotá en 1906, estudió Ingeniería en la Universidad Nacional y trabajó como dibujante en el despacho de Arturo Jaramillo. (2)

Se asoció en 1933 con Pablo Rocha (que estudió arquitectura en Londres) y su primo Severo Rocha, para crear la firma Rocha Santander y Compañía Ingenieros y Arquitectos. Severo Rocha se retiró pronto para ocupar un cargo público.

Edificio Manuel Casabianca

La razón social construyó en la capital del país la Clínica Palermo, en el barrio del mismo nombre, a nuestro juicio un trabajo monumental por el uso del ladrillo a la vista, por su función como centro asistencial, al estilo de las clínicas norteamericanas de la época y por su estilo.

En menor grado reúne algo de esas virtudes la Marly, mientras que el moderno Hospital Militar, bien puede considerarse una obra colosal para el país de entonces.

Rocha Santander comenzó con el edificio Manuel Casabianca, situado en la carrera Octava número 16-28 y considerado el primero de renta en Bogotá.

Casa en el barrio Rosales

Su incursión en el campo residencial incluye viviendas de lujo del llamado estilo inglés, como la que existió en la carrera Cuarta con 76, y que en la década de 1980 fue reemplazada por un edifico de apartamentos.

En su portafolio figura, además, la sede del América Tenis Club, en la carrera 5ª con calle 51.

Notas

Consultada el 6/10/15 a las 5:20 pm

(2) Atlas Histórico de Bogotá 1911-1948. Corporación La Candelaria. Editorial Planeta, Bogotá, 2006.










viernes, 18 de octubre de 2019

Renovación urbana, CAN y C.A.O.S.


El 19 de noviembre de 2017 se derrumbó la que fuera durante casi seis décadas  sede del Ministerio de Obras Públicas, y más tarde del Ministerio de Transporte. Una carga explosiva derribó el edificio de casi seis décadas, que presentaba fallas estructurales y no ofrecía seguridad.

El Ministerio de Obras fue uno de los primeros edificios construidos en la década de los años 50 en lo se llamó Centro Administrativo Nacional (CAN). 


Implosión del edificio del Ministerio de Transporte en 2017 (Foto Mintransporte)

Para algunos, se trataba de un capricho dictatorial, mientras que para otros era la concreción del viejo proyecto de centralizar en edificaciones modernas y funcionales las principales dependencias gubernamentales y “sacar” al gobierno del centro de la ciudad.

Cuenta la revista Proa que este complejo urbano se denominó en un comienzo Centro Administrativo Oficial, pero “el pueblo bogotano que antipatizaba con el proyecto aprovechó la circunstancia de su ubicación en El Salitre, agregó la S correspondiente y desde entonces estas obras son conocidas con el mote de CAOS”. (1)

Gobernaba entonces el general Gustavo Rojas Pinilla (1953-57), después del golpe de estado, cuyo período es recordado por la realización de grandes obras públicas.

Informe de Proa en 1957, cuando terminaba la dictadura de Rojas Pinilla

La iniciativa del plan piloto y del centro cívico se mencionaba en Bogotá desde 1938. Años más tarde se dieron los primeros pasos de un debate en el que intervinieron
Le Corbusier y luego Paul Lester Wiener y Jose Luis Sert.

Pocos colombianos deben saber que dentro del proyecto del CAN figuraba la construcción de un palacio de gobierno.

Era tal la magnitud de la propuesta, que se proyectó una sede presidencial al mejor estilo de las ciudades nuevas, o ciudades gubernamentales, como Brasilia. Sólo que ésta aún había nacido. De hecho se fundaría en 1960, luego de casi cuatro años de obras.

No existían los renders, pero había proyecciones de le edificación nada más ni nada menos que de Skidmore, Owings y Merril.

Alguna vez escuchamos decir que una construcción inconclusa y en ruinas que había en la calle 90 con carrera 13, aproximadamente, cuando aún existían la mayoría de las modernas casas del Chicó, era una propiedad de Rojas Pinilla destinada a residencia presidencial.

“El Palacio del Presidente constituye el punto focal del plan. A cada lado de él, al este y al oeste, hay dos anchas plazas adornadas, alrededor de las cuales se agrupan los edificios de cuatro pisos acomodando a los varios ministerios”, afirmaba Proa en una reseña de la época. (2)

Agregaba que “la escala y el carácter de este plan reflejan el concepto monumental que dio impulso al diseño de los grandes desarrollos cívicos de los siglos diez y ocho y diez y nueve.

“La grandeza y la dignidad que caracterizan los jardines de Versalles, el diseño de la parte central de París  y la ciudad de Washington, reaparecen en este nuevo centro que constituirá un monumento a la antigua grandeza, a la industria actual y al brillante provenir de Colombia”. continuaba la publicación..

Por si fuera poco, se planeaba un gran hotel, de 20 pisos, cuyo diseño estuvo a cargo de los arquitectos H. Albarracín, Edgar Bueno, Humberto Cruz, G. Colazos, Manuel Forero y Roberto Londoño

Por aquellos años se llevó a cabo en Bogotá un simposio organizado por la Sociedad Colombiana de Arquitectos en el que se presentaron varias ponencias, entre ellas la del futuro alcalde Jorge Gaitán Cortés, titulada “¿Qué es un centro cívico y por qué se preconiza esta solución urbanística y arquitectónica en las grandes ciudades?”


La Ciudad Sarmiento Angulo vista desde la Avenida El Dorado

“Qué hacer con el CAOS” era el titular de un editorial de Proa, que afirmaba: “Estas dictaduras tropicales tienen muchos factores que les son comunes. Uno es el de emprender, sin ton ni son, a ritmo vertiginoso y por mero afán publicitario, en obras espectacularmente suntuarios”.

Una vez terminó la dictadura, las obras quedaron inconclusas pero se habían invertido ya 35 millones de pesos. La publicación calificó el panorama como un “penoso monumento a la petulante necedad de sus artífices”, calificó la misma publicación.

El hecho es que el CAN fue una realidad y durante décadas ha sido el lugar de vida diurna de los empleados de los ministerios de Minas, Educacion, defensa, y años después de entidades como los desparecidos Insfopal e Intra, el DANE, la televisora nacional (Inravisión, hoy Rtvc), Superintendencia de Sociedades, Registraduría Nacional del Estado Civil,  Instituto Nacional de Salud y Policía Nacional.

Todas estas edificaciones se beneficiaban de una completa red de vías, afluentes de la gran Avenida Eldorado, que conectaba con el centro y con el aeropuerto Eldorado en pocos minutos.

Transcurrido casi medio siglo, en el vecindario occidental se abrieron paso en los años 90 la Embajada de Estados Unidos y la Gobernación de Cundinamarca, en los amplios terrenos de la Beneficencia de Cundinamarca, mientras que en la cercana Ciudad Salitre surgían la nueva zona hotelera y corporativa, paralela a la amplia Avenida Eldorado. Un poco más tarde se construyó el centro comercial Gran Estación.




Primeros edificios de la Ciudad Sarmiento Angulo
Ya en el segundo milenio se lanzó el proyecto de Ciudad Empresarial Sarmiento Angulo, promovido por el banquero Luis Carlos Sarmiento, para aprovechar los extensos lotes de terreno y dotar a la ciudad de nuevos hoteles y edificios corporativos. El proyecto se anunció en 2008 y quedó a cargo de Construcciones Planificadas, del Grupo Sarmiento, con el eslogan “una ciudad, como una ciudad debe ser”. (3)

Este plan, presentado como el proyecto inmobiliario más importante de Colombia, tiene un área total de construcción cercana a los 600.000 m² y contempla 15 edificios en tres grandes manzanas, alrededor de un paseo urbano y comercial.

Ya se construyeron las torres de Avianca, la  Cámara Colombiana de la Infraestructura, Cementos Argos y Colciencias, y el hotel Grand Hyatt, además de  restaurantes, tiendas y salones culturales.

Hotel Grand Hyatt, inaugurado en 2019

En cuanto al CAN, el viejo complejo cumplió su ciclo pero sus terrenos son cada vez más valiosos y su ubicación  más estratégica, en una ciudad que ahora supera los 7 millones de habitantes.

En 2013, el entonces presidente, Juan Manuel Santos, presentó un proyecto de renovación de la zona.

La propuesta de Santos complementó el proyecto Ministerios, que busca convertir las manzanas adyacentes al Palacio de Nariño en un área de dependencias  oficiales, pese a la oposición de los comerciantes de la zona, y que se desarrolla lentamente.

El 13 de diciembre de 2013,  en un foro de renovación urbana, Santos dijo que a Bogotá le hacía falta “una dosis de modernidad” y argumentó que con ese objetivo, con visión de futuro, se decidió renovar el Centro Administrativo Nacional para modernizarlo y mejorar la calidad de vida no solo de sus vecinos, sino del resto de ciudadanos. (4)

Así sería el nuevo CAN
Santos aseguró haber vivido el problema en carne propia cuando era ministro de Defensa, y explicó que en las viejas oficinas del CAN hay viejas tuberías, faltan redes informáticas, hay invasión de vías, de zonas verdes y construcciones ilegales. (5)

Poco después se anunció que la propuesta de las firmas de arquitectos Office for Metropolitan Architecture de Holanda, en asocio con Lorenzo Castro y Julio César Gómez,  de Colombia, había sido escogida para el plan maestro de renovación del CAN.

“En 25 años –tiempo en que se culminará la renovación, en perfecta coincidencia con los 500 años de Bogotá– los peatones que pasen por el CAN van a poder desplazarse por el espacio público que hoy se usa como parqueadero”, reseñó entonces la revista Semana. (6)

Se esperaba que el proyecto de renovación urbana Ciudad CAN despegara en el 2016 con un edificio de transición.

El proyecto. Que está a cargo de la Agencia Nacional Inmobiliaria Virgilio Barco, prevé la construcción de más de 100 edificios, no solo de oficinas, sino también de vivienda y comercio. Se trata de organizar unas 70 entidades estatales repartidas por la ciudad, en las que trabajan alrededor de 93 mil empleados. (7)


Proyecto del primer edificio de transición
En total el plan incluye la construcción de 112 edificios de diversos usos (oficinas, comercio, vivienda) con 2,7 millones de metros cuadrados en 86 hectáreas. Además de edificaciones habrá zonas verdes y peatonales.

De los 112 edificios, 18 se destinarán a oficinas del Gobierno, 64 a viviendas (8.000 soluciones habitacionales) y 29 para usos comerciales y culturales.

Pero a las puertas del 2020, el futuro CAN aún no despega.


Notas


(1) Revista Proa. No. 110. Julio 1957. Notas editoriales.  El CAN y el C.A.O.S.
(2) Ídem
(3) http://www.construccionesplanificadas.com
(4) Presidencia de la República. Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en el Foro de Renovación Urbana. Bogotá, 13 de diciembre de 2013.
Consultado el 8 de agosto de 2019.
(6) Así será la nueva cara del Centro Administrativo de Bogotá. Revista Semana. Marzo 6, 2015
(7) https://www.agenciavirgiliobarco.gov.co/Proyectos/Paginas/Ciudad-CAN.aspx