viernes, 5 de julio de 2013

Casas expresidenciales

Las casas de las personalidades, incluyendo a los hombres de estado,  siempre han despertado el interés de sus conciudadanos y a través de la historia muchas de ellas se han conservado o en el peor de los casos una placa recuerda que allí nació, vivió o murió alguien digno de ser recordado.

En Colombia no son muchas las casas de grandes hombres –o mujeres– que se conserven, lo cual se explica en parte por factores económicos y en otros casos porque no se conservaron sus moradas.

Con todo, hay elementos para reunir una historia mínima de lo que fueron las casas de los presidentes de la Colombia moderna, historia que aporta algunos elementos para enriquecer el conocimiento -la petite histoire, si se nos permite- de varios de nuestros gobernantes, esa que gusta a muchos comentaristas que refieren como gran descubrimiento a sus amigos datos sobre éste o aquel expresidente.

No es del caso remontarnos tan atrás como al caso del Libertador, de quien se conserva la Quinta de Bolívar que le obsequiaran en Bogotá, en las faldas de Monserrate, o de Santander, cuya casa natal se conserva en Villa del Rosario.

También es preciso diferencias entre las casas natales y las que acogieron a los hombres públicos en sus tiempos de grandeza o preferiblemente ya retirados.

Comenzaremos por Miguel Abadía Méndez, con quien terminó la Hegemonía Conservadora en 1930. La casa del doctor Abadía se mantiene en buen estado. Está ubicada en la esquina suroriental de la carrera 9a con 8a, de Bogotá, a pocas manzanas del actual palacio presidencial.




Casa de Miguel Abadía Méndez. Fue sede del Instituo
Colombiano de Antropología. Mincultura la está restaurando

La edificación de dos plantas, la primera de ellas con locales de comercio, tiene una placa que dice “S. Serna y A. Olea. 1930”. Es la calle siguiente a la de San Pioquinto y tiene en sus puertas los números 158, 160 y 164.

Esta casa se encuentra en proceso de restauración por parte del Ministerio de Cultura. Nos dice con amabilidad uno de los vigilantes que, en sus buenos tiempos, la casa fue como un palacio presidencial alterno, debido a que era considerado superior al antiguo palacio de la carrera, hoy Casa de Nariño.

El presidente siguiente, primero de la República Liberal, fue Enrique Olaya Herrera. Aunque tenemos entendido que Olaya vivió en el centro de la ciudad, la casa que mencionaremos es la de la calle 77 con carrera 12. La recordamos aproximadamente hasta 1975, cuando fue demolida para construir un edificio de apartamentos en ese lugar frente al parque Benito Juárez.
Olaya Herrera encargó el diseño de su casa a Vincenzo Nasi

Se trataba de una curiosa construcción del arquitecto italiano Vincenzo Nasi, que por cierto también fue el autor de la casa de Tierra Grata, propiedad campestre del mismo Olaya, en Fusagasugá. La casa del barrio El Nogal tenía una fachada semicircular, como se aprecia en la imagen tomada del libro de la obra de Nasi publicado por Editorial Escala, y recordaba un barco.

El sucesor en la presidencia, Alfonso López Pumarejo, vivió en un tiempo en una casa en la calle 16 con carrera 9ª,. alquilada a la familia Casabianca, y en otra época en la calle de Florián o carrera 8ª con 12, según refiere su hijo Alfonso López Michelsen en sus memorias.

En sus últimos años, el viejo López residió en dos casas: la primera de ellas de la calle 24 con carrera 5ª, donde funcionó el restaurante El Gran Vatel, incendiada en 1952 en tiempos de Laureano Gómez, el mismo día que quemaron la casa de Carlos Lleras Restrepo –que mencionaremos adelante– y los edificios de El Tiempo y El Espectador.

La casa de López Pumarejo, incendiada en 1952, luego fue sede del restaurante El Gran Vatel y hace dos décadas la demolieron. El terreno fue parqueadero y ahora es parte de los cines Embajador.

 
 
En esta casa empezó a construir un edificio de apartamentos en este 2013. Cuando enviudó y se casó con Olga Dávila, López Pumarejo pasó a vivir a la cada que fuera de don Leo Kopp, el primer esposo de la dama. Esta casa de la calle 17, un verdadero palacete para la Bogotá de entonces, hoy sede de la Logia Masónica de Colombia, fue diseñada por Alberto Manrique Martín.  
Casa de Leo Kopp en la que vivió en sus
últimos años Alfonso López Pumarejo

Eduardo Santos, que sucedió a López Pumarejo, vivió hasta su muerte en la esquina de la calle 67 con carrera 13. En nuestra infancia recordamos la casa tapada de árboles frondosos que le daban  un aspecto misterioso. Se dice que allí terminaba la ruta del tranvía que iba del centro a Chapinero.  La mansión la tumbaron hacia 1975 para edificar el teatro Royal Plaza y la sede de la empresa Nestlé. Allí funciona ahora una sala de fiestas.

En este recuento seguimos con Alberto Lleras Camargo, que gobernó de 1945 a 1946, por la renuncia de López, y volvió a la jefatura del estado, ya elegido, de 1958 a 1962. Investigando un poco encontramos que al menos a su regreso de Washington, donde fue el primer Secretario General de la OEA, Lleras Camargo vivió en una linda casa de la calle 76 con 9ª, lado norte del Gimnasio Moderno, que está en excelentes condiciones aún. Aunque parece ser que la habitó en alquiler.

Alberto Lleras residió en esta casa vecina al Gimnasio Moderno

Años más tarde vivió en Chía, en la quinta Siatá y por último, en la década de 1980, en un apartamento del edificio El Sendero de la 87, obra del arquitecto Pablo Lanzetta.

Mariano Ospina Pérez, presidente entre 1946 y 1950, además era ingeniero y uno de los socios fundadores de Opinas y Compañía, que construyó gran parte de la Bogotá de los 50 y 60, incluyendo barrios como La Merced, Palermo, El Chicó. La casa de Ospina está situada en el Park Way del barrio La Soledad.

Casa de Ospina Pérez hasta su fallecimiento en 1976


Sigue en la lista Laureano Gómez. Su casa también fue diseñada por Nasi, pero hay quienes sostienen que por encargo de su cuñado Daniel Mazuera Villegas. Esta vivienda de la calle 37 con 15, en el sector de La Magdalena, y de fachada algo pesada, a nuestro juicio, se mantiene en buenas condiciones. Sirvió durante años de sede del restaurante La Reserve, de Claude Lemaire, y ahora lo es de Colfuturo.   
Laureano Gómez fue otro cliente de Nasi

Algo simpático o cruel, según se mire, es que quien depuso del poder a Laureano Gómez –o a su presidente encargado, Roberto Urdaneta Arbeláez–, vivía pasando la calle.

El general Gustavo Rojas Pinilla y Laureano eran vecinos. Y la casa del militar de origen boyacense está allí y es residencia de su hija María Eugenia. De esta residencia, que utiliza como rejas unas terribles cortinas metálicas, acaso como medida de seguridad ante el riesgo de disturbios en épocas pasadas, se dice que es obra de Bruno Violi y perteneció originalmente a la familia Esquenzai, de origen sefardí.
Casa de Rojas Pinilla en la carrera 15 con 37

De Guillermo León Valencia se dice que además de la majestuosa Casa Valencia de Popayán, que fuera de su padre, el maestro, tuvo en Bogotá una casa en el barrio Santa Ana, construida por los años 50 del siglo pasado, y que se encuentra en buenas condiciones.

Capítulo especial en este esbozo lo constituye la casa de Carlos Lleras Restrepo. Por la categoría del personaje, de la casa, por todo lo que encierra de historia y por la destinación que hoy se ha dado al chalet de la autoría del arquitecto Otto Marmorek.

Carlos Lleras, que fue un destacado abogado de empresas antes de aspirar a la presidencia en 1966,  encargó su construcción luego de haber adquirido el terreno en la calle 70 A con carrera séptima, con el fruto de su trabajo de asesor jurídico. Su hijo Carlos afirma que el estadista no pudo comprar un sitio más costoso como le sugerían sus amigos.

La casa tenía como atractivo principal la mansarda que cubría el mismo tamaño de la planta y la formidable biblioteca del jurista y hacendista público. Pero toda esta riqueza fue consumida en el incendio criminal del 6 de septiembre de 1952, cuando la familia Lleras de la Fuente debió pedir protección diplomática y salir rumbo a México y Estados Unidos.
La casa que Otto Marmorek hizo para Carlos Lleras Restrepo

No vienen al caso los episodios vergonzosos de la política colombiana de entonces. El hecho es que Lleras Restrepo y su familia perdieron su hogar y sus pertenencias, sobre todo la rica biblioteca de este colombiano singular. Pero la casa fue reconstruida y volvió a tener el brillo de siempre, con los estantes de madera clara de la biblioteca construida por el artesano Sokoloff.

Esa mansión que evoca capitales del este europeo conserva hasta hoy en manos de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

En ese período y en los años 40 ocupó la presidencia Darío Echandía, quien vivió durante varias décadas en la calle 39 con 15, en una casa que se conserva y que fue construida por la firma Child, Dávila y Luzardo. El inmueble estuvo a la venta en 2012, luego de servir de restaurante popular y tienda de fotocopias. Lamentablemente, los anaqueles de la biblioteca se relegaron a estos oficios mercantiles luego de la muerte del político tolimense.

Casa Echandía, obra de Child, Dávila y Luzardo
Recordamos la casa de Misael Pastrana Borrero en la calle 92 con 4ª, en el Chicó Oriental y donde aún vive su viuda.

De Alfonso López Michelsen, de quien podría esperarse tener una casa gran casa europea, dada su personalidad y su vida en Londres y Bruselas, se recuerda el penthouse del edificio Antares, ubicado a un lado de la plaza de toros. De allí salió López a posesionarse en 1974 como presidente. Pero sus años de expresidente los pasó en otro penthouse, el de la carrera 8ª con 88, cerca de la quebrada El Virrey.
El penthouse de López Michelsen. Allí murió en 2007 


Irónicamente López pasó sus últimos años en La Cabrera, el barrio de esa aberrante oligarquía que describe -fustiga, más bien- en las páginas de su novela Los Elegidos.

Termina el recuento con Julio César Turbay Ayala, quien tuvo desde la década de 1960 una amplia casa de dos pisos en la calle 90 con carrera 19, barrio El Chicó, donde hoy existen los edificios de vidrio conocidos  como Blue Tower; Belisario Betancur, que tuvo una casa de tres pisos aún en pie en la Circunvalar con 88; y Virgilio Barco, cuya casa en la calle 85 con 9ª fue demolida para dar paso a un edificio de apartamentos, como ocurrió con casi todo el vecindario, en el que vivían personalidades como el maestro Ignacio Gómez Jaramillo.
Último lugar de residencia de Virgilio
Barco. En La Cabrera (calle 86 con 8a.)

No nos extendemos en los presidentes subsiguientes, todos ellos residentes en edificios  recientes del barrio Rosales, en apartamentos sin prosapia alguna.  

 

 
 







 
















 










 








martes, 7 de mayo de 2013

Urbanidad y urbanistas (5). Tras las huellas de Trujillo Gómez y Martínez Cárdenas

Esta firma bogotana de arquitectura y construcción, quizá poco conocida entre las generaciones recientes de interesados por los temas urbanos,  fue fundada en 1933 por Santiago Trujillo Gómez e Ignacio Martínez Cárdenas, amigos de infancia.

Publicidad de la firma en la revista Proa en los 50

 
La compañía es autora de obras tan importantes como los edificios Cabal (av. Jiménez con 6ª., plazoleta del Rosario), Gómez Dávila y del Banco de Colombia (cra 8ª. con calle 13, hoy Bancolombia), parte de la Escuela Militar de Cadetes y el colegio San Bartolomé La Merced, situado en la que fuera hacienda de los jesuitas y hoy vecino del Parque Nacional.
 


También son obras suyas la casona inglesa de la residencia de la Embajada de Rusia en el barrio Rosales, y Residencias El Nogal (cra 7ª. con 76), tal vez el primer edificio de apartamentos de gran formato que tuvo la ciudad y que aún hoy presta servicio y ha sido signo de distinción, además de morada de personalidades como Eduardo Caballero Calderón y otros ilustres habitantes de la capital.

Colegio San Bartolomé La Merced
(Foto tomada del portal bartolino)

 Sin embargo, quizá las dos obras de mayor significación de la empresa, a nuestro juicio,  fueron  el edificio de la Compañía Colombiana de Seguros (Colseguros) de la carrera 7ª. con calle 17, que fue el primero de la ciudad en tener una escalera eléctrica (hoy desaparecida); y la que es sin  duda su obra más importante, el Banco de Bogotá de la carrera Décima con 15, diseñado por la firma neoyorquina Skidmore, Owings y Merril.


Edificio Colombiana de Seguros en la carrera 7
 con 17. Lo sustituyó en 1973 otro dos cuadras al oeste


 
Ignacio Martínez Cárdenas (1902-1960), se graduó de ingeniero y arquitecto de la Universidad Nacional. Fue el primer decano de la facultad de Arquitectura de la Universidad Javeriana (1951-53) y miembro fundador de la Sociedad Colombiana de Arquitectos.

Antiguo Banco de Bogotá, en la Décima con 15,
hoy sede de juzgados en deplorable estado


Entretanto Santiago Trujillo Gómez, apodado “El Cojo”, que murió en Bogotá en 1969, fue ministro de Agricultura y de Obras Públicas, y alcalde de Bogotá de 1949 a 1952, en el final del gobierno de Ospina Pérez y los años que duraron Laureano Gómez  y Urdaneta Arbeláez. Se dice –no lo hemos podido constatar– que un velódromo de la capital fue bautizado con  su nombre.
 
Invitaciones al sepelio de Trujillo Gómez,
publicadas en el diario El Tiempo
 
En 1949, cuando Trujillo fue nombrado alcalde, entraron a la sociedad José María y Hernando Martínez Cárdenas, hermanos de Ignacio.

 
En este período la empresa construyó obras como la actual residencia del Embajador de Francia (amtigua casa de Philippe Duchamp), la de los hermanos David y Ernesto Puyana, y la de los hermanos Oliverio y  Luis Lara Borrero.
 

La razón social fundada por Trujillo Gómez y Martínez también intervino en el Hospital Militar de Bogotá, en 1953, al lado de Julio Santander, de quien nos ocuparemos otro día.

 
Hoy en día una bonita casa de la avenida Caracas con 39, donde funciona una escuela de idiomas, todavía exhibe la placa de Trujillo Gómez y Martínez Cárdenas.

Casa Camacho Gutiérrez, demolida a comienzos de los 90

También en la década de 1990 desapareció la casa Camacho Gutiérrez, reemplazada por un edificio de apartamentos en la carrera 11 con 75. Esa casa de estilo mediterráneo, que "miraba" hacia la iglesia del Monasterio de la Visitación, en el área del Gimnasio Moderno, sirvió antes de ser reducida a polvo como sede de la Universidad de Los Libertadores.

Las fotografías muestran el estado de algunas de las obras de Trujillo Gómez y Martínez Cárdenas que aún existen. Aunque seguramente los transeúntes de las nuevas generaciones no sabrán toda la historia detrás de ellas.

 


 
 




jueves, 25 de abril de 2013

Urbanidad y urbanistas (6). Tras las huellas de Manuel de Vengoechea

Conocido por el edificio del centro de Bogotá que lleva su apellido y que se integró al complejo cultural de la Biblioteca Luis Ángel Arango en la década de 1980, el arquitecto Manuel de Vengoechea Mier nació en París en 1911, vivió en la infancia en Cuba, estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Ciudad Luz y murió en 1983 en Barranquilla.

Edificio Vengoechea, ahora parte de la Biblioteca Luis
 Ángel Arango, hecho en 1939 junto al español Ribas Seva.

Después de vivir en La Habana y estudiar en París, llegó al país y fundó en 1931 su propia firma, Manuel de Vengoechea y Compañía, en la cual tendría socios como el dibujante y catedrático español José de Recasens y Manuel J. Robayo. Fue uno de los fundadores de la revista Proa junto con Carlos Martínez y Jorge Arango Sanín.
 
 
Lo que poco se sabe es que Vengoechea fue fugaz alcalde de Bogotá y perdió el puesto luego de los sucesos del 9 de abril de 1948, cuando lo asumió de nuevo el empresario Fernando Mazuera Villegas. Años antes Vengoechea había sido designado para dirigir el área de planificación de la IX Conferencia Panamericana, que se realizaba en la capital colombiana cuando sobrevino el Bogotazo.
 
 
Para entonces fue blanco de una controversia por la instalación de cuatro enormes globos que simulaban las regiones del mundo, instalados en los cuatro costados de la plaza de Bolívar, donde antes hubo cuatro fuentes. Los críticos afirmaban que esos adornos tuvieron un alto costo y también acusaron al arquitecto de cobrar altos emolumentos.
 


Casa de la avenida Caracas con calle 37, que
 se convirtió en sede de Fedegan en los 80

Al margen de discusiones partidistas tan estériles y tan propias de aquel tiempo, Manuel de Vengoechea dejó su impronta en el urbanismo de Bogotá y algunos de proyectos se mantienen como testimonio de su época.
 
 
Fue el autor de construcciones como el edificio del diario El Siglo, construido en la calle 16 con carrera 13, al lado de la que fuera casa del fundador del periódico, Laureano Gómez, incendiada el 9 de abril de 1948.
 
 
Anuncio de la firma de Vengoechea, ilustrado
con el edificio del diario conservador El Siglo
 
También son de su creación las tres casas de las hijas de Leo Kopp, ubicadas en el barrio Palermo, en la avenida Caracas entre 44 y 45, y diseñadas en tres estilos diferentes. Una era moderna y racionalista (fue demolida hacia 1992), la segunda afrancesada y la tercera de estilo Tudor.

Una de las tres casas contiguas de las hermanas
Kopp en la avenida Caracas, demolida en los 80

Otra de las tres casas que Vengoechea hizo por encargo de don
 Leo Kopp para sus hijas, contiguas pero en tres estilos distintos.
 
Así mismo, Vengoechea hizo  varias residencias en las zonas de Teusaquillo (la de la familia Espinosa en 1948, ahora sede de Fedegan, en la Caracas con 37), El Nogal y El Retiro, como la del abogado Antonio José Uribe Portocarrero,  en la esquina suroccidental de la carrera 9a. con 77. Ésta fue demolida en la década de 1980 para construir el edificio ING, en el que funcionan el Consejo Británico y la Embajada de Gran Bretaña.

 
Casa del jurista Uribe Portocarrero en El Nogal
En su lugar hoy está allí la sede de ING
 
 Y por supuesto, el hoy llamado edificio Vengoechea con el catalán Ricardo Ribas Seva, aunque hay quienes sostienen que esta obra, hecha en 1939 en la carrera 5a. con 12, en realidad fue más de este último y no se le ha dado suficiente crédito.

 
 
Pero también pertenecen a la autoría de este arquitecto unido a Ribas Seva (ca. 1942) una interesante casa esquinera de la calle 32 con 15, a la que solo la inseguridad ha causado los daños que no ha hecho el tiempo, al obligarla a protegerse con una verja espantosa.

Casa de Vengoechea y el español Ribas Seva en Teusaquillo
  
Son interesantes –simpáticas, si se nos permite– unas casas de conjunto hechas por Vengoechea y José de Recasens en la calle 76 con 13, en la zona bogotana de El Lago, que han sobrevivido milagrosamente a la depredación de ese sector antiguamente residencial. En sus salones tenían como valor agregado obras de arte del profesor catalán.


Como también lo es la casa que fuera de la Embajada de la República Democrática Alemana, en la carrera 7a. con 82, que aún existe en buen estado y que una vez terminó la división entre las dos Alemanias, al caer el Muro de Berlín, pasó a ser la sede del Goethe Institüte, hasta hace pocos meses. 


Por cierto esta residencia tenía aire acondicionado y calefacción por vapor, desde su construcción. En estos tiempos, 2013, cuando se ha desatado una fiebre demoledora, no sería raro que uno de estos días aparezca sobre ésta u otra de las casas que hemos mencionado, el temible letrero amarillo con la licencia de la curaduría urbana para tumbar el inmueble.

Casa que albergó en los 70 la embajada alemana y luego el Goethe Institüt
 
Esta residencia fue reseñada por la Revista Proa en 1952 y entre sus particularidades se destaca que aprovechando la pendiente del terreno, tenía una planta baja posterior con tres garajes, tres cuartos de servicio, habitación para chofer y jardinero, baño turco y sala de masajes, sala de juegos y cine, y bar. 

De Vengoechea también es la actual residencia de la Embajada de España, en la carrera 7a. con 78, que fuera originalmente la casa de don Gregorio Obregón. A ésta se le subió la tapia que la circundaba, hacia 1977, cuando comenzaron los problemas de seguridad de este país. Además, fueron talados dos grandes pinos que había al frente y su antejardín se recortó para dar paso a la ampliación de la avenida, que antes era solo de dos carriles. Luego vendrían los vidrios blindados, la garita de vigilancia, las concertinas y demás agregados que afean el chalet, por lo demás ubicado en una zona en la que también están sedes diplomáticas de Italia, Perú y Rusia. 

Y para terminar, a Manuel de Vengoechea se debe la que ahora es la residencia del embajador de Gran Bretaña, ubicada en la calle 87 entre carreras 10 y 11, barrio La Cabrera.
 
Esta casa perteneció originalmente al jurista y diplomático bogotano Camilo de Brigard Silva, familiar del poeta José Asunción Silva y uno de los fundadores del bufete Brigard y Urrutia, que curiosamente también fue embajador en Londres. Hace cerca de quince años se remodeló bajo la dirección del arquitecto Darío Riveros.
Corte de la casa del embajador de Gran Bretaña
 
Quienes recorren ese sector de embajadas de Bogotá no dejan de sorprenderse nunca con construcciones tan valiosas y bien logradas. Las residencias de los embajadores de Francia, Países Bajos y Gran Bretaña, todas sobre la calle 87, magníficamente arborizadas, son mansiones dignas de las grandes capitales y dejan muy en alto el patrimonio urbano de Bogotá.

(1) Revista Proa no. 57 - Marzo 1952 
 
 
              
                                                                        
                                                      Este edificio comercial de carrera 9a. con 11
                                                                 lleva la "firma" de Vengoechea



 
 






lunes, 25 de febrero de 2013

Vamos a tumbar a Bogotá. Historia de las demoliciones

                                          En la situación actual el romanticismo no funciona.
                                                                                              Germán Téllez (*)
 
A Bogotá la están demoliendo literalmente. El desmadre administrativo que sufre la ciudad desde hace varios alcaldes y que con el actual ha alcanzado su máxima expresión, tiene entre sus víctimas el patrimonio urbano de la capital de Colombia.

Sin saber cómo y sin darnos cuenta, las normas que protegían los bienes de conservación prácticamente desaparecieron para dar patente a la acción voraz de las picas y martillos que se están llevando valiosas muestras de la arquitectura nacional para dejar el terreno libre a los constructores, con el argumento de que no hay tierra suficiente para urbanizar.

Están tumbando en Chapinero casas que alguna vez fueron parte de los bienes de conservación, arrasando las pocas casas que quedan en el Chicó y Santa Bárbara, conjuntos completos de casitas en Cedritos y, lo que más aterra, edificios enteros de apartamentos, para reemplazarlos por otros más altos y por supuesto más rentables, pero muchísimo más rentables.

Ignoramos si exista una historia de las demoliciones, una tesis de grado sobre este procedimiento en nuestro medio. Pero en los manuales de historia y en las fotografías de la Bogotá antigua están dispersos los testimonios de construcciones que fueron derribadas o se cayeron solas.

La Catedral de Bogotá, de 1803, no es por supuesto la original, y en el parque Santander había una iglesita, la capilla del Humilladero, demolida antes de que se viniera al suelo. Y los temblores frecuentes en la Santafé de los siglos XVI, XVII y XVIII dieron al traste con numerosas construcciones, generalmente endebles, que fueron sustituidas por otras más resistentes y con mejores materiales que la tapia pisada.




Obras notables demolidas fueron el convento de la Enseñanza, en la calle 11 con 6ª, donde hoy está el Fondo de Cultura Económica, y el Palacio de Justicia que hubo en el mismo terreno hasta 1948. También se derribaron el convento de Santo Domingo, donde hoy está el mediocre edificio Murillo Toro, sede del Ministerio de Comunicaciones.

El Hotel Granada, joya de estilo francés de Manrique Martín –dicen que el diseño lo hizo en parís el arquitecto colombiano Diego Suárez–, dio paso a finales de los 50 al Banco de la República, de Rodríguez Orgaz.

Capítulo aparte merece la labor colosal que supuso abrir la carrera Décima, que tuvo que llevarse por delante construcciones valiosas como el edificio Salgado, la iglesia de Santa Inés y muchas casas bajas.
 
Algo similar pero en menor escala ocurrió al abrir la calle 19 o Ciudad de Lima, que era una calle angosta, alrededor de 1970. E incluso la carrera Séptima entre la 32 y a 72 fue ampliada en ese mismo tiempo recortando los antejardines u obligando a tumbar algunas cosas. Y algo así tuvo lugar en 1978 en la misma Séptima de la 72 a la 100.

Antes se había abierto la avenida Caracas en el centro demoliendo un costado de la víaa. Es por eso que se entiende que en muchas zonas de Bogotá los edificios sean bastante estrechos y no tengan fondo o que apenas haya aceras.

De seguro las demoliciones fueron casi manuales en sus comienzos. Pero,  hablando en términos modernos, las demoliciones más o menos técnicamente realizadas aparecieron hacia la década de 1940. De hecho los derrumbamientos de construcciones florecieron en 1948, luego de los destrozos del 9 de abril.

Entre los recuerdos de infancia figuran los letreros de finales de los 70 con el nombre de Manuel Vicente Fetecua, cuya firma compraba cuanta demolición apareciera y se encargaba de vender los materiales.

Tampoco olvidamos cómo cayó un pequeño edificio de la Séptima con 24, en el sitio conocido como Terraza Pasteur –hoy deteriorado y desprestigiado–. Aquí se incluye un recorte de prensa que lamenta la demolición y revela que ese fue el primer edificio de concreto armado que hubo en la ciudad y que lo hizo la compañía Cemento Samper.

La prensa informaba en 1973 sobre la caída de este edificio de la
Terraza Pasteur, hoy sustidido por un lamentable centro comercial

En los 70, 80 y 90 se dictaron algunas normas de conservación urbanística –hubo un famoso acuerdo del Concejo–, ya que para entonces se había desatado una de esas fiebres demoledoras para hacer edificios, oficinas y locales donde antes hubo grandes residencias.

Teusaquillo, La Magdalena, La Soledad y otros barrios cercanos al centro alcanzaron a sufrir daños y el sacrificio fue irreparable, pero se salvaron verdaderas obras de arte como La Merced, área homogénea de casas de estilo Tudor y testimonio de una era de pujanza y ascenso de la clase dirigente, así como una parte de Quinta Camacho. 

Casa del arquitectro Gabriel Serrano en la 7a. con 83. Hoy en su lugar
hay una estación de servicio. Lucía una obra del brasileño Cándido Portinari

No corrieron con tan buena suerte la riqueza de Rosales, El Nogal, la Cabrera y El Retiro, de los que poco queda.

El Chicó fue un referente del nuevo estilo nacional de los 60, un lapso de prosperidad y tranquilidad, lo más parecido al American Way of Life.

Este pequeño edificio del Chicó, a punto de ser demolido, fue
residencial y al final sirvió de oficina de Pizano, Pradilla, Caro y Restrepo.


En ello tuvo mucho que ver la empresa Ospinas y Compañía, que hace poco cumplió 75 años.

Pero de El Chicó no queda nada. Excepto, claro, la casa de la hacienda que fuera de doña Mercedes y otros herederos de don Pepe Sierra.

Lo que queda bien podría llevar un letrero parodiando un programa de televisión. “También caerán”.

Y la última moda en demoliciones está cerca de lo que se ve en las fotos de las agencias de noticias: cargas explosivas para tumbar más rápido moles de mayor tamaño para que varias plantas caigan como naipes.
 


Son las que se hacen a gran escala, como se ve en este 2013 en el Chicó y El Retiro. Se anuncia la demolición, no de uno, sino de dos edificios al tiempo. Debe ser por aquello de las economías de escala.
 
Difícil dar crédito a lo que vemos en la Séptima, donde varios edificios de vivienda aún considerados de alta gama exhiben vallas amarillas de esas de la curadurías urbanas, que anuncian a los vecinos la demolición inminente y su reemplazo por el doble de la altura. Algo impensable hace pocos años.

Dos edificios de apartamentos  de la 7a. con 80,
antes de caer, y el proyecto que los sustituirá

Preocupa la laxitud de las autoridades en materia de conservación urbana y parece que hubieran cedido ante el mercantilismo de los edificadores.

En materia normativa, el famoso acuerdo 6 de 1990, fue reglamentado por varios decretos que, entre otras, declaraban zonas de conservación las áreas de Teusaquillo, Bosque Izquierdo, La Merced y las subsedes de El Retiro, El Nogal, La Cabrera-Rosales y Quinta Camacho-Granada.



Así desaparecía la casa reservada para la vejez de los
arzobispos de Bogotá, en la 8a. con 85. Cayó en los 90.


Estas casitas, de referencias británicas, ocupaban
un terreno en la 8a con 76, cerca del Gimnasio Moderno


Desde entonces, una sucesión de normas ha incluido y excluido bienes de la lista de los que se deben conservar y muchos de ellos han sido demolidos mientras llega la orden. O se abandonan hasta que la ruina obliga a demolerlos. (Ver recuadro).

Hay quienes dicen que el Consejo Asesor de Patrimonio de Bogotá estudia cada año 50 solicitudes de exclusión de la lista. Parece fácil entonces el procedimiento. Y la que pierde es la ciudad.

El arquitecto Germán Téllez asegura que en Rosales desaparecieron en los últimos veinte años al menos 55 paradigmas de la arquitectura moderna del período 50-70. (1)
 


Esta casa de Rosales existió hasta los 80


Y esta otra, de Manuel de Vengoechea, fue la casa de Antonio
José  Uribe  Portocarrero. Allí se encuentra hoy el edificio ING.

En esto cabe recordar una anécdota del mismo Téllez sobre Eduardo Balén, propietario de una casa en la calle 70 arriba de las Séptima, quien sostenía que no podía “continuar viviendo sentado sobre tres cuartos de millón de dólares”. Por ahí pasó, diríamos a los precios actuales.

Téllez calculaba entonces que de los 750 mil predios de la ciudad, 3.800 eran joyas urbanas.

Cierto es que, como dice Carlos Niño Murcia, “ante el eterno conflicto entre tradición y cambio no se puede embalsamar el pasado y cerrarse a toda renovación”.

Desde luego que hay áreas de Bogotá que merecen renovarse. Pero muchas merecen conservarse.


 
Apéndice

7 mil inmuebles en la lista

Bogotá cuenta con aproximadamente 7 mil inmuebles públicos y privados declarados patrimoniales, que se conservan debido a sus valores arquitectónicos, artísticos o históricos, incluyendo 133 monumentos nacionales, según el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural. Por patrimonio se entienden obras individuales de arquitectura habitacional, institucional, comercial, industrial, militar y religiosa. (2)

Los inmuebles ubicados en el Centro Histórico se encuentran inventariados por el decreto 678 de 1994 y los que se encuentran fuera de este por el decreto 606 de 2001.

El decreto 678 de 1994 reglamenta el Acuerdo 6 de 1990 y asigna el tratamiento especial de conservación histórica al Centro Histórico y a su sector sur del Distrito Capital. Los BIC del Centro Histórico están clasificados en:

Categoría A (Monumentos Nacionales): son los inmuebles declarados como tales por Resolución del Consejo de Monumentos Nacionales o de las entidades competentes.

Categoría B (Inmuebles de conservación arquitectónica): son aquellos que por sus valores arquitectónicos, históricos, artísticos o de contexto, deben tener un manejo especial de conservación y protección.

Categoría C (Inmuebles reedificables y lotes no edificados): son aquellos que pueden ser modificados sustancialmente, o demolerse, y aquellos no construidos susceptibles de tener desarrollo por construcción.

Categoría D (Inmuebles de transición): son aquellos ubicados en el sector sur, de que trata el artículo 1º del Decreto 678 de 1994.
 

Notas:

(*) El Tiempo. Lecturas Dominicales, Julio 8 del 2006

(1)  Revista Cambio, mayo de 2008
(2)  Web del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural.



Este pequeño edificio de apartamentos de El
Retiro (8a. con 84) espera turno de demolición






Casa del arquitecto caleño Humberto Vásquez (1970),
en ruinas poco antes de la demolición.
 
Calle 92 con 19 en enero de 2013.
Este edificio ya no existe. Se construye otro.